Ha llegado ante mí
ese dulce monstruo
con sus dulces agujas
el temblor de mi cuerpo
sólo es comparable
con el huracán de mi mente
Ha llegado ante mí
y el tiempo se expande
y se recoge
al punto de que no concibo el espacio
El momento del sublime dolor
el momento delicioso
lo saboreo...
la sangre que te entrego
es la misma que me has dado.
Realmente es una belleza sublime el trato y agrado de cada palabra.
ResponderEliminarLa sentencia del fuego de la pulsión y el alma. La sangre. El sacrificio y la herida, el cuerpo, el deseo, el odio, la venganza.
Todos, todos, absolutamente todos, los hijos del amor.