17 de febrero de 2011

Ha llegado ante mí
ese dulce monstruo 
con sus dulces agujas

el temblor de mi cuerpo
sólo es comparable 
con el huracán de mi mente

Ha llegado ante mí
y el tiempo se expande
y se recoge
al punto de que no concibo el espacio

El momento del sublime dolor
el momento delicioso
lo saboreo...






la sangre que te entrego
es la misma que me has dado.

1 comentario:

  1. Realmente es una belleza sublime el trato y agrado de cada palabra.
    La sentencia del fuego de la pulsión y el alma. La sangre. El sacrificio y la herida, el cuerpo, el deseo, el odio, la venganza.
    Todos, todos, absolutamente todos, los hijos del amor.

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