Del rojo los pensamientos lentamente se mudan al amarillo.
Los naranjas tan presumidos, tan atardeceres, se van
despidiendo de un día,
un día que duró años.
El amarillo promete ser un poco más sabio, un poco menos
rabioso.
Prometió juntarse con el azul y desencadenar un río de
verdes mágicos,
creadores,
magníficos.
El magenta y el turquesa vendrán un poco después…
inundaran los cielos de mi mente con majestuosos ocasos
que ya no serán más despedidas, sino alabanzas del final
hermoso de cada respiro.
Y luego,
¡volverá el rojo!
Con toda su furia,
con toda su seducción
a inventar nuevos caos y nuevas utopías,
volverá renovado, sublime.
Y yo, reina y señora de todas las frecuencias,
viviré y contaré iridiscencias en las más vistosas y alegres
penumbras
del infinito.
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