23 de septiembre de 2025

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Pensemos que es un juego,

ponemos reglas

y luego hacemos trampa


No estamos para moralismos

en novilunio. 

16 de noviembre de 2023

 Delicias En El Jardín


Agradecimientos visuales al maestro

Jeroen Anthoniszoon van Aeken


El paraíso. En el paisaje de mi mente, tan tranquilo, burbujean montañas y lomas de azules y verdes mágicos, los animales que allí se posan con la elegancia de los diamantes me acompañan y en el horizonte el lago se menea insinuante a través del camino boscoso que decora mi inocencia. En la orilla de aquella masa aterciopelada y acuática veo una hermosa roca y sobre ella reposa una graciosa rana que en medio de un trance rítmico decora el ambiente con un susurrante riff, y allí, disfrutando los placeres de la calma, veo en el firmamento un ave fantástica, que de repente como un puñado de afanes se precipita ante mi mirada y con la rapidez de un rayo usurpa de su vida y de un sólo zarpazo el croar de aquella pobre anfibia. No es que me preocupe las cuestiones de la muerte, no, sin embargo algo me inquieta y medito.

El jardín. Abro los ojos, el paisaje parece diferente. Un centenar de bichos eléctricos atacan mis manos en desesperados y concupiscentes intentos, no me resisto, los arbustos se tornan rojos, llenos de frutos jugosos, el lago empieza a subir su nivel como queriendo alcanzar el cielo, y yo, un alambique que destila todos los deseos, que decanta todas las caricias y que con un narcisismo voluptuoso se apodera irremediablemente de los actos y me conduce pulposo. Todo parece estar tan caliente, el positivismo es un juguete de la irracionalidad en la que me sumerjo, los ojos ya no parecen fijos, están desorbitados y buscan esa que soy. Venus acompáñame en este viaje, llena mis entrañas de motivos y disculpas porque el recato me abandona, Venus tú que conoces estos senderos no dejes que pierda el horizonte porque ahora soy el laberinto de mis jadeos y solo ellos pueden dar cuenta de mí.

El infierno. Soy un arpa que completa todas las sinfonías, el cuerpo es un temblor, el olor de los pájaros, el lago se desborda y soy muchos ríos que corren con fuerza, que devastan, que demuelen, que inundan. Soy un clarinete que se interpreta a sí mismo que recorre las notas y las vuelve demonios que no dejan la barca que me va llevando y voy llegando y no sé dónde voy retorciéndome y el agua hierve y el demonio descompone todo y las cuchillas y la sangre que también hierve y el flash de mis ojos cerrados que se aprietan junto con todos mis músculos que no son dueños de ningún movimiento y mis entrañas color flúor no le temo a nada y me condeno todas las veces soy culpable.

Y llego.

24 de noviembre de 2022

Acercándome a la demencia

con los ojos podridos de ver el futuro en los rostros de nadie, de ver el horizonte de un planeta plano. 

La lluvia que emerge de los cielos del infierno cliché, la lluvia que corre por estas calles moribundas llenas de buitres rojos.

Los árboles imposibilatodos del suicidio arrojan pajaros muertos a los transeuntes extraños, que solo ven las risas de los colores falsos de la historia. 

¿Quién puede mantenerse en la cordura en esta atmósfera de nieblas desleales y azufradas?

La naturaleza es un vestido que se vende a pedazos miles de veces usados,

la inosencia es una vieja cascarrabias abandonada en una esquina. 

Las tardes se congelan en el tiempo,

y los cuerpos de las gentes se resguardan de la peste del ojo ajeno,

dentro en sus miserias...


Yo vine a este mundo hace cien años, y ya era hora, había que acercarme

6 de noviembre de 2016

el pájaro que muere mañana




como me divierte la nada que somos frente a este vasto universo 
todas las once dimensiones que se pasean por las mentes  de los científicos se posesionan de ningún lado que es todo y mucho y es poco y la mirada que se pierde y la magia que es posible  y la posibilidad que es infinita y todo muta y todo se niega y se eleva a las tantas potencias el mundo de miles el cosmos tan engreído y nostágico y poderoso e inútil antes los ciclos patéticos de los humanos patéticos las escuelas patéticas las oficinas patéticas las calles patéticas las noches patéticas y las mañanas patéticas 
el sentido  la salud que se quiebra en un intento de sublevar el cuerpo ante tanta expectativa en la enfermedad de la sanidad que deslumbra a la humanidad que no es más que una enfermedad del universo
jodidos todos esperando el desenlace brillante y caótico 
la incertidumbre las palabras que se dicen y las que no existen y lo maniático de creer y los estúpido de creer y los lindo de escribir sin responsabilidad alguna de la estética ni de la cordura ni de nada 

28 de octubre de 2016

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¡Cuántas proezas!
ánimo de perpetuarse
trémulos vacíos en la calle
rústicas formas de soñar
ríos secos
desiertos inundados 
mandalas invisibles 
esquinas dobladas
lívidos horrores 
ablaciones cardiacas
afirmaciones virulentas
juegos sin reglas
ojos impares
pantallas sin luz
una carne humana erguida
¡cuántas proezas!