En la finita tragedia de la vida tienes en el caso más minimalista (para ponernos prácticos) dos opciones.
Todos sabemos cuales son.
Conozco alguien que optó por la otra.
Un valiente.
Un cobarde.
Después estamos aquí, igual de valientes y cobardes.
El sol sale y se oculta todos los días, que se hacen semanas y todo lo demás...
el tiempo transcurre, tan insignificante ante la eternidad.
Lo pienso.
El amor, lo repito y lo sostengo, es la cosa más criminal que he conocido.
Después sigo aquí.
Deborándome en un estrepitoso y pomposo acto de canibalismo.
La calma, vendra.
La espero paciente y taciturna.
La felicidad, también.
Después, todo seguirá.
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