16 de noviembre de 2023

 Delicias En El Jardín


Agradecimientos visuales al maestro

Jeroen Anthoniszoon van Aeken


El paraíso. En el paisaje de mi mente, tan tranquilo, burbujean montañas y lomas de azules y verdes mágicos, los animales que allí se posan con la elegancia de los diamantes me acompañan y en el horizonte el lago se menea insinuante a través del camino boscoso que decora mi inocencia. En la orilla de aquella masa aterciopelada y acuática veo una hermosa roca y sobre ella reposa una graciosa rana que en medio de un trance rítmico decora el ambiente con un susurrante riff, y allí, disfrutando los placeres de la calma, veo en el firmamento un ave fantástica, que de repente como un puñado de afanes se precipita ante mi mirada y con la rapidez de un rayo usurpa de su vida y de un sólo zarpazo el croar de aquella pobre anfibia. No es que me preocupe las cuestiones de la muerte, no, sin embargo algo me inquieta y medito.

El jardín. Abro los ojos, el paisaje parece diferente. Un centenar de bichos eléctricos atacan mis manos en desesperados y concupiscentes intentos, no me resisto, los arbustos se tornan rojos, llenos de frutos jugosos, el lago empieza a subir su nivel como queriendo alcanzar el cielo, y yo, un alambique que destila todos los deseos, que decanta todas las caricias y que con un narcisismo voluptuoso se apodera irremediablemente de los actos y me conduce pulposo. Todo parece estar tan caliente, el positivismo es un juguete de la irracionalidad en la que me sumerjo, los ojos ya no parecen fijos, están desorbitados y buscan esa que soy. Venus acompáñame en este viaje, llena mis entrañas de motivos y disculpas porque el recato me abandona, Venus tú que conoces estos senderos no dejes que pierda el horizonte porque ahora soy el laberinto de mis jadeos y solo ellos pueden dar cuenta de mí.

El infierno. Soy un arpa que completa todas las sinfonías, el cuerpo es un temblor, el olor de los pájaros, el lago se desborda y soy muchos ríos que corren con fuerza, que devastan, que demuelen, que inundan. Soy un clarinete que se interpreta a sí mismo que recorre las notas y las vuelve demonios que no dejan la barca que me va llevando y voy llegando y no sé dónde voy retorciéndome y el agua hierve y el demonio descompone todo y las cuchillas y la sangre que también hierve y el flash de mis ojos cerrados que se aprietan junto con todos mis músculos que no son dueños de ningún movimiento y mis entrañas color flúor no le temo a nada y me condeno todas las veces soy culpable.

Y llego.

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